domingo, 20 de enero de 2013

La crisis política

Hace ya tiempo que predico en lejanas tierras que la crisis española no es tanto económica como política, o mejor dicho, que la crisis económica es consecuencia de una crisis política de calado incalculable y no al contrario.

Lo bueno y lo malo del paso del tiempo, es que tiene la fea costumbre de dar y quitar la razón según desvela poco a poco el siguiente paso de eso que llamamos futuro y que no es más que el presente de mañana, y en mi caso, creo que me la está dando.

Vivimos en estas últimas semanas impactantes revelaciones que a nadie sorprenden, pero que si enfadan. Los escándalos de corrupción no pueden ser ajenos a ningún español y casi diría que a ningún hijo del Mediterraneo, pero los que hoy vivimos, tienen, como Sevilla, un color especial.

Cualquiera que recuerde lo ocurrido en Banesto sabrá que no se está robando más dinero de lo normal, y a cualquiera que conozca a Manuel Chaves le parecerá que hay más enchufados de los que ha habido siempre, pero hoy no es ayer, y esperemos que tampoco sea mañana, por el bien de la humanidad.

Ayer no había hambre, y cuando el hombre no está hambriento, tiene, como el perro, una absurda capacidad para pasar por alto errores que un estómago vacío no perdona, y los estómagos comienzan a estar tan vacíos de alimento como los cerebros de paciencia y los corazones de esperanza.

Vemos hoy a la gente salir a la calle a exigir dimisiones, a pedir que rueden cabezas, a pedir culpables, y no ya a pedir soluciones, la gente, erróneamente o no, ha asimilado que no hay más problema que los culpables, que muerto el perro se acabó la rabia, y si así no fuese, poco importa, lo importante ahora es matar al perro.

Entonces, dirán algunos, es consecuencia de la crisis económica. Yo quiero decir que no, acertado o no me mantengo en mis trece como lo hacen ellos, la crisis no ha hecho nada, salvo quizás levantar el polvo que cubría los cristales de la vitrina, las raciones de la barra se estaban pudriendo igual que hoy, pero ahora hemos visto los gusanos y lo peor, ahora será difícil volver a cubrirla de polvo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Eso no lo responderé, está en libros de historia y en la prensa por igual y en toda capital hay buenos archivos, que por cierto se usan poco.

¿Cómo vamos a salir de aquí? Eso es más difícil, nadie tiene la respuesta y quien crea tenerla es que es un idiota o un irresponsable.

Lo que sí parece claro es que si no se purga la perrera, va a arder con los perros dentro, y aunque eso pueda sonar tentador a los oídos de muchos, estoy totalmente seguro de que esa no es solución.
Ahora corresponde a los perros decidir purgar la enfermedad, vacunarse y rezar para que los niños vuelva a confiar o seguir fingiendo que no pasa nada, sin asumir responsabilidades como siempre han hecho, y tumbarse a disfrutar del calor de las llamas.

 Un saludo y gracias por leer.

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